Ayer me llamó la atención que en LNE aparecía una noticiaa la que se le dedicaba casi media página, con un tercio de altura de página a tres columnas de texto y las otras dos columnas conla foto. La noticia era que a fulanito de tal, no le temblaba el pulso a los 81 años, porque había sido capaz de matar "al rececho" a dos grandes corzos que merecieron la nota de "medalla de oro".
No dudo de que la caza al rececho tenga su complicación, ni que seguro que no es tan fácil acertar. Pero el guarda acerca la presa y facilita la labor y el hecho de que sean grandes upongo que facilitará también el poder apuntar. Pero no me pareció una hazaña tan reseñable.
Cuando llegué al final del periódico me eché a reir, no me pude contener. En la antepenúltima página sale una noticia en pequeño, en una sola columna, en medio de algunas otras frivolidades como el striptease de Jennifer Aniston y otras cosas similares. La noticia puesta ahí, en las páginas de las anécdotas y curiosidades, era que un japonés de 80 años acababa de coronar por tercera vez el Everest; las otras dos veces lo hizo a los 70 y 75 años respectivamente. El buen señor se llama Yuichiro Miura (tiene gracia el apellido para lo que estamos comentando), operado del corazón hace 4 meses y operado de cadera (rota) hace 12 años. Y dice que se encuentra en buena forma y espera volover a subir a los 85.
Y para colmo, hay otro señor Sherchan que tiene un año más y que siempre le quita los récords al japonés.
Hay proezas y proezas, ¿verdad?
La cosa tenía más guasa porque la noticia más seria de esa antepenúltima página era sobre un niño, diagnosticado de sindrome de Asperger, al que los médicos le auguraban que no volvería hablar cuando tenía 3 años. Resulta que ese niño ahora tiene 12 años, habla correctamente 4 lenguas y su juego favorito es crear una versión ampliada de la teoría de la relatividad de Einstein. Ya fue admitido a los 10 años en la universidad en la que estudió el famoso físico. Un coeficiente intelectual de 170 da para mucho.
En fin, que a veces no sabe uno ya que va a leer. Tanta información y tanto tiempo perdido en intentar seleccionar lo que merece la pena dedicarle un ratito de lectura. Y tanta tontería, que cada uno se cree el rey... de su casa.
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