lunes, 19 de agosto de 2013

CUMPLIMIENTO DE LAS NORMAS

Popularmente es conocido el dicho de que “El desconocimiento de la norma no exime de su cumplimiento”. Y la primera pregunta que nos podríamos hacer, creo yo que podría ser: ¿Cómo demonios voy a cumplir una norma si no sé que existe?
Evidentemente, cualquier persona bienintencionada procura no saltarse las normas y sobre eso divagaré un poco. Sobre los otros casos, no bienintencionados o que se saltan las normas a pesar de conocerlas, refugio de caraduras, egoístas y otras gentes, me abstengo (por ahora).

Cuándo una persona compra un perro, ¿Quién le dice cuales son sus obligaciones como dueño de ese perro? Claro que todos saben que habrá que darle de comer y de beber, y a buen seguro que  el vendedor o el veterinario le dará algunas pistas sobre como tratarlo. Pero ¿qué pasa con otras normas? Por ejemplo la prohibición de dejar al perro suelto en las playas, o de llevarlo a una biblioteca, etc, etc. No dejan de ser normas impuestas entre nosotros y que además no son las mismas en todos los lugares. ¿Cómo sé yo si en una ciudad está o no permitido que el perro vaya sin bozal? Podríamos hacernos mil preguntas más.


Al hacerse con un aparato de música, ¿nos advierte alguien de los niveles de ruido permisibles en la ciudad o de que la compradora debería consultar las normas de los lugares donde vaya a usar el aparato?

Si compro una finca, ¿el agua del pozo está a mi libre disposición?, ¿el muro que separa las fincas de quién es?, ¿puedo plantar cualquier árbol?, ¿qué obras precisan licencia especial?.


Al comprar un piso, ¿cuántas personas saben algo sobre una ley de propiedad horizontal? ¿quiénes saben los derechos y obligaciones de cada propietario de una comunidad?

En el momento que alguien decide tener descendencia, ¿realmente sabe cuales son las obligaciones incluidas en esa idea de “educar” a su prole?

Todo esto viene a cuento de que en nuestra sociedad hay multitud de normas, muchas de ellas recogidas en el Código Civil y otras recogidas en ordenanzas municipales, regionales o de otro orden. Y todas esas normas son necesarias para regular la convivencia, porque si nos atuviéramos al sentido común de cada persona… en fin, sobran las explicaciones al respecto. ¿Cuántas personas han leído, estudiado o siquiera oído hablar de estas normas?

Y ahí quería yo llegar. El desconocimiento de las normas es tan generalizado que, en muchos casos, no tengo yo claro que sea justo que se pueda imputar toda la responsabilidad a quien las incumple. Si en una playa hay carteles en todos los accesos, advirtiendo de lo que no se puede hacer, es evidente que los usuarios no tienen excusa. Pero podrían ser miles los ejemplos de situaciones en las que no es así.
Cuando se publica una ley, suele haber un texto inicial sancionado por el Rey que dice algo así: “a todos los que aquesta leyeren y pudieran entender, hago saber…”  ¿y los que no la leyeren o no la pudieran entender, qué pasa con ellos?

En España tenemos la costumbre de no leer los folletos de instrucciones de aparatos o medicamentos (en realidad de nada), así que como para leer leyes, decretos y ordenanzas. Por eso creo que es muy evidente que algo falla. Y ese algo yo creo que es el sistema educativo, que va perpetuando una mala costumbre y que nos hace ser víctimas de nosotros mismos. Pero ojo, el sistema educativo no son los centros escolares, son también las familias, los medios de comunicación, los museos, los centros de interpretación, etc, etc…

Ahora, los que hasta aquí hayan leído podrán entender perfectamente mi pregunta y podrán intuir mi respuesta antes de leerla:
¿Hace falta o no una asignatura de “Educación para la ciudadanía”?
Mi respuesta seguro que se la imaginan. Por supuesto que si, por supuesto que  es totalmente necesario incluir en nuestro sistema educativo todas esas nociones básicas y no tan básicas sobre las normas que rigen nuestra convivencia en sociedad y también la convivencia con nuestro entorno y con otros seres vivos. Y creo que no es posible dejarlo para la educación no reglada, tiene que ser en los centros educativos. Y hay contenido de sobra paa uno o dos cursos sin falta de adoctrinamientos.

Alguien se imagina ponerse a jugar a las cartas sin saber las normas del juego. O Acaso podemos hacer como en el chiste: "Si yo no sé lo que digo, solo hablo por seguir la conversación". Pues la juventud comienza su vida en solitario sin tener ni idea, comienzan la partida sin saber las normas. 

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