sábado, 14 de marzo de 2015

EL QUE VENGA DETRÁS QUE ARRÉE

           Un dicho este muy español pero que desgraciadamente dice mucho de nuestra idiosincrasia. Las faltas de respeto y de verdadera preocupación por el bien común son un mal endémico en nuestro país, y así una vez que uno soluciona “lo suyo”, los demás “que se apañen”.
Es claro que hay mucha solidaridad, que se ve en los centros de transfusión o en los datos de número de donantes, pero casi siempre asociada a temas que no suponen una verdadera pérdida. También sabemos que la hipocresía está bastante bien instalada: soy donante de sangre, donante de órganos, apoyo a Cáritas, pero hago negocios irregulares con mucho dinero negro por medio y recibo cuantiosas dádivas de origen “oscuro”. Suena conocido, ¿verdad?
Hay otra manera de ver esta frase: la persona que quiere sacar provecho personal a corto plazo o con previsiones a medio plazo, sin preocuparse de los problemas que se derivarán a posteriori, problemas que por otro lado se supone que deberán capear otros. También nos suena a todos, ¿verdad?

En nuestro entorno vemos ejemplos personales  y colectivos muy abundantes, ejemplos de los que muchas veces la mayoría no cae en la cuenta que es nuestro lastre: el dinero negro, los basureros piratas, los aparcamientos en doble fila, vecinos que no pagan su cuota, los destrozos urbanos, las comisiones y los sobres…  Pero me quería referir a cosas aún con más enjundia ¿Me acompañan para hacer un pequeño repaso?.

1.- En el libro La desecación de marismas en la Ría de Avilés en los siglos XIX y XX (Ramón Mª Alvargonzález Rodríguez y Maximino Roza Candás, 2000) se detalla con mucha profusión de datos bibliográficos las irregularidades e ilegalidades cometidas durante décadas en el proceso de desecación de marismas en la ría de Avilés. Concesiones a las que se les da un uso diferente el solicitado, connivencia municipal, especulación… En la página 95  aparece incluso un listado de dirigentes locales y familiares suyos (o ellos mismos) que se beneficiaron de algunas de aquellas operaciones a finales del siglo XIX en las marismas de Las Aceñas y Las Meanas. Ahora ya está todo hecho y consolidado, y ¿ya no hay vuelta atrás?; unos pocos se beneficiaron del bien común para provecho propio. Nosotros no tenemos ría y a cambio aquellos ilustres ciudadanos formaron familias apoderadas, adineradas y en muchos casos reputadas.

2.- En los años 50 del siglo pasado la población de Avilés no estaba precisamente hundida o sin posibilidades de desarrollo, pero nos colocaron una gran zona industrial y nos llenaron de humos y otros desechos. Muchos se beneficiaron de prebendas y supieron cómo robar al estado para beneficio propio, ¿quién trabajó en ENSIDESA y no relató alguna vez los tejemanejes de afamados empresarios locales?  Mucha gente (casi toda) se sintió a gusto en toda esa fuente de riqueza incontrolada, desigualmente distribuida. Esto sirvió para que nadie pensara en las consecuencias a medio plazo: somos la ciudad número uno en cáncer en toda Europa, y ha costado un Potosí recuperar un poco de la calidad del aire y de la ría (aún estamos a medias).
Y no aprendemos, estamos atontados, todavía hay gente que cree innecesario que toda la industria deba cumplir las estrictas normativas de seguridad ambiental que nos van imponiendo desde Europa (siempre vamos en el vagón de cola). No hay más que ver lo que está pasando con Chemastur o con los vertidos de Arcelor-Mittal.
Pero las advertencias de muchos, las quejas de los que no se contienen, las demandas judiciales, de poco sirven. Todo para adelante, algunos beneficiándose y todos envenenándose mientras el lugar queda destrozado. Y los que vengan detrás…

3.- No hace tantos años que el eucalipto empezó a llenar los bolsillos de los más ansiosos de réditos rápidos. Así, nuestros montes se llenaron de estos árboles australianos hasta hacer desaparecer nuestros bosques autóctonos de la franja costera, y con ellos a muchos animales y plantas que se asociaban a estos bosques. Y con ellos se fueron también nuestras posibilidades de explotación racional de la madera de robles, castaños, fresnos, nogales… los problemas más serios no los suelen padecer los que los provocan sino los descendientes de dos o tres generaciones posteriores.

4.- En otro orden de cosas, podríamos hablar de los jaleos con el Centro Niemeyer, con una gestión que no vamos a calificar pero que genera un déficit de (dicen) 2,4 millones de euros. Pero, ¿no iba a ser una gran panacea? Y ahora esos milloncejos de nada los tiene que pagar el populacho que disfrutó de tan magna obra (conste que me parece muy llamativa) y de las actividades que allí se organizaron (aunque no eran gratuitas). Pero los que se enriquecieron a costa de crear semejante agujero o los que consiguieron que las urnas se llenaran de papeleta de su color ¿qué pasa con ellos? Pues eso, el que venga detrás que arree, que se apañe.

5.- La ampliación portuaria de Avilés puso negro sobre blanco cómo está muy claro que “el papel lo aguanta todo”. Los cálculos que justificaban la obra eran que antes de acabar la primera fase ya habría un aumento considerable de tráfico, y que con la segunda fase se podría llegar a los 8 millones de toneladas. Los que decían que era una obra poco menos que faraónica, que sería un gran despilfarro, o que era injustificado perder los arenales de la margen derecha, fueron todos maltratados, tomados por ilusos, demasiado conservadores y con poca visión.
La realidad es que en los antiguos muelles se llegó a mover más tráfico y más mercancía que las que se mueven ahora, con ampliación incluida. Y luego querrán seguir llenando la ría de hormigón con la tercera fase, pese a que en los próximos 20 años seguramente no se llegue a justificar ni siquiera la primera ampliación.
Y luego, pues nada, los que vengan detrás ya solucionarán los problemas que se planteen y se seguirá loando a los ilustres servidores que consiguieron semejantes ventajas para nuestro pueblín.

6.- En términos más generales podemos decir que en nuestra forma de vida nos engañaron como a tontos, metiéndonos por los ojos los fantásticos avances en la comodidad, y ahora vemos los problemas derivados: millones de toneladas de desechos con los que no sabemos qué hacer. Por ejemplo, el plástico aguanta mejor que el papel y se puede lavar, pero ¿luego qué hacemos con ese plástico? Pues resulta que quemar semejantes volúmenes de desechos provoca una contaminación tremenda y además cancerígena, y si lo amontonamos tarda cientos de años en deshacerse. O sea, lo dicho, me soluciono el problema, algunos se enriquecen muchísimo con su gran aportación, y las siguientes generaciones ya solucionarán el problema, si quieren y si pueden. Mientras, en los océanos se van formando inmensas islas de basuras plásticas que las corrientes marinas se encargan de amontonar.

Si nos vamos un poco más lejos podríamos hablar del sobrecoste de El Musel, de Laboral Centro de Arte, del Metrotren de Gijón, de tantos y tantos museos de carísimo continente y nulo contenido, del dinero de los fondos mineros que sirvió para acallar el abandono de un modo de vida pero que no creo nada más que expectativas incumplidas, de las sendas verdes que se inauguran a bombo y platillo para no volver a mantenerlas en buen estado nunca jamás, de los centros de interpretación abandonados y saqueados, de aulas de naturaleza invadidas por la vegetación, o de las decenas de millones de euros invertidos en centros de recuperación de fauna que se pudren en mitad de los montes, montes que por otra parte languidecen y que se podrían mantener con la centésima parte de lo invertido en tantas tonterías. Hay muchos otros magnos proyectos, pero seguramente estén ya cansados de tanta queja.

Nadie duda que somos un país avanzado, pero a la vez con tintes propios de países en vías de desarrollo, con una democracia dirigida, con una economía sumergida de una magnitud de la que nadie se atreve a hablar. Hace mucho que pienso que si en España las cosas fueran realmente como parece, entonces si que habría movimiento social. Pero no es cierto, vivimos con muchas más comodidades que las que nos corresponderían por nuestro nivel científico, laboral o nuestros índices demográficos (con todos mis respetos para las familias que realmente están pagando la situación actual con su desgracia), y la realidad es que esto es así porque dependemos para mantener esta riqueza ficticia de unos niveles de deuda estratosféricos, que mantienen una burbuja de ineficacia y falsa riqueza que está por estallar, y estallará, ante la sorpresa de la mayoría, la sonrisa de unos cuantos que supieron inflarla y después vaciarla parcialmente en sus bolsillos antes del estallido, y la tristeza de quienes vimos que nadie hacía nada por evitarlo.
Nos harían faltan más de 30 años para llegar al nivel de los países de Centroeuropa en temas tan delicados y tan de sentido común, pero sigue habiendo mucha gente que no se baja de la burra y a la que lo único que le preocupa es que los sueldos alemanes u holandeses sean mucho más altos. Su cultura, su sensatez colectiva, su respeto al prójimo y su respeto por el medio ambiente también lo son. Y esto, a largo plazo, es mucho más importante que los sueldos, ya que la existencia en estos países de unos sistemas más participativos, de consulta colectiva, y de concienciación de sus habitantes en los beneficios de la inversión en formación y en riqueza palpable, hacen que cuando surgen las crisis, no haga falta desmantelar los pocos progresos obtenidos en época de bonanza.
Lo peor de todo es que la mayor parte de la población se conforma con “que me dejen como estoy no vaya a ser…”, cualquier cambio en la rutina supone una tremenda incomodidad, casi un trauma. Y además, cuando la corriente europea nos lleve a su nivel, ¿dónde estarán ya estos otros países? No solo tenemos que avanzar mucho sino que además deberíamos avanzar más rápido que los países vecinos, y eso se presenta realmente complicado si no cambiamos nuestra manera de hacer las cosas, individual y colectivamente.


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