En los últimos meses, gracias sobre todo a la agudeza visual y a la curiosidad de mi hijo menor, Marcos, hemos podido seguir todo el ciclo completo de la libélula monarca.
Luego de esos huevos nacieron las larvas que mi hijo descubrió meses después bien escondidas por el fondo de la charca. Y fueron creciendo notablemente. El día 2 de febrero hicimos estas fotos.
Había al menos un par de docenas, de diferentes tamaños y que se notaba bien como durante el invierno iban creciendo. Y llegó la primavera y ya eran bien grandes, de hasta 5-6 cm. A finales de abril ya era evidente que estaban muy grandes y a punto de querer salir las libélulas voladoras. Ya se notaban los ojos y una especie de vestigios de alas. Habría que estar atentos al gran tapín de hierba que tenemos metido en la charca, para dar cobijo, sombra y alimento a los bichos.
Y por fin, la insistencia día a día de revisar esas hierbas tuvo premio: la larva estaba fuera del agua, agarrada a una hierba, preparada para que saliera la libélula.
Esto fue la tarde del día 3 de mayo. Y en la mañana del 4 de mayo la curiosidad de marcos le llevó a descubrir algo sorprendente: la libélula ya había salido, estaba secándose en la hierba de al lado y de la larva quedaba solo la funda con una agujero por donde había salido la libélula ya adulta. Impresionante.
Y la sorpresa fue mayor cuando pudimos comprobar que había más fundas vacías en el tapín y que aún quedaban un par de ellas agarradas a la hierba pero con el bicho dentro.
Menos mal que Marcos está atento a todo, porque un par de horas después la libélula ya se había marchado; así que si no la pillas en el momento pues no la ves. La pena fue no poder pillarla realmente in fraganti, saliendo de la funda. pero en cualquier caso fue muy prestoso seguir el desarrollo de este precioso bicho y ver que la charca, aunque está medio vacía, sirvió para algo tan chulo. Ojalá el próximo mes de septiembre vengan más libélulas a poner sus huevos.





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