Cuando los grupos conservacionistas, vecinales´o de cualquier otro tipo, reclaman la conservación o restauración de un espacio natural o la creación de alguna infraestructura que les venga bien, frente a otras propuestas más agresivas que suponen la pérdida o deterioro irreparable de dichos espacios, no tardan en aparecer las voces de los promotores hablando de puestos de trabajo, de la rentabilidad de la inversión para la ciudad, la comarca o incluso la región. Por otro lado hay voces que critican a los “ecologistas” porque sus propuestas “van en contra del progreso” y pretenden ponerles la etiqueta de “cromañones” y lindezas por el estilo.
La ampliación portuaria hacia la margen derecha de la ría, se realizó bajo la premisa de la necesidad de los muelles nuevos para ampliar el volumen de negocio del puerto. Años después, cuando ni siquiera están acabadas las obras, ya son abundantes las voces autorizadas que dicen que la fase III no se deberían hacer nunca. El movimiento en los muelles no ha aumentado, sino más bien disminuido ligeramente en los últimos años y ni siquiera se vislumbra cuando se podrá llegar al movimiento que llegó a haber en los viejos muelles.
¿Cuál es el coste de la ampliación portuaria? ¿Se llegará alguna vez a amortizar todo ese gasto? Evidentemente parece que hay fondos para pagarlos, pero esos fondos podrían destinarse a asuntos realmente necesarios. Y el suelo y las marismas que desaparecen, ¿alguna vez se recuperan?
¿Cuánto costó el Centro Niemeyer? Los entendidos dicen que el coste fue bajo para lo que suelen ser estas obras. Y quizá sea cierto, no lo vamos a discutir. Pero ahora resulta que hay un déficit de más de 2 millones de euros y que hay que gastar más de 1,2 millones de euros anuales para su funcionamiento, a razón de 800.000€ el principado, 300.000€ el Ayuntamiento de Avilés, 100.000€ la autoridad portuaria, aparte de los ingresos de las cafeterías y las entradas.
La pregunta siendo la misma ¿realmente se llega a amortizar todo ese gasto alguna vez? Por supuesto que hay que tener en cuenta la promoción de la ciudad, de manera que los establecimientos lo notan en sus ingresos.
Sin embargo no hay manera de ponerse de acuerdo para encontrar los poco más de 30.000€ anuales que costaría tener a pleno rendimiento el centro de educación ambiental de La Noria, o los poco más de 1000e necesarios para poner algo de cartelería informativa en el paseo de la ría. Claro, los beneficios de estas cosas no son económicos y por lo visto las cuenta ya no saben echarlas.
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